En el ámbito de los juegos como en tantos otros aspectos de la vida, a veces dos cosas tienen más puntos en común de lo que aparentemente pensamos. Es posible que al leer el titular de este artículo te haya resultado un poco llamativo. Pero espero que, si lo lees hasta el final, entiendas mi punto de vista sobre Baldur’s Gate 3 y Crimson Desert.
De lo que no hay duda y con lo que sí estará de acuerdo el lector es que tanto Crimson Desert como Baldur’s Gate 3 son 2 «melocotonazos» de cuidado. Tanto en presupuesto como en extensión, hablamos de dos juegos que son consideradas obras maestras por sus fans.
Pero hoy quiero ir más allá y unir los puntos que unen a estas dos obras más allá de lo mastodóntico de su propuesta.

La escucha a la comunidad como nexo de unión
A primera vista, Baldur’s Gate 3 y Crimson Desert parecen propuestas difícilmente comparables. El primero es un RPG clásico, basado en reglas de rol tradicionales y combates por turnos; el segundo apuesta por la acción en tiempo real dentro de un mundo abierto ambicioso. Sin embargo, bajo esa superficie de diferencias evidentes, ambos comparten una serie de pilares que reflejan hacia dónde se dirige el género en la actualidad.
Dejando de lado los puntos de su jugabilidad, quiero empezar por el hecho que más me llama la atención de ambos: el soporte continuo por parte de los desarrolladores. Normalmente, los juegos se lanzan y ahí se quedan en ese estado. A mayores, es posible que se corrija algún bug o se elimine algún aspecto polémico del juego. Pero poco más. En cambio, Baldur’s Gate 3 ha tenido 8 «major patches», desde agosto de 2023 hasta abril de 2025.
Por su lado, Crimson Desert acumula ya 7 grandes parches que cambian enormemente el producto desde su lanzamiento. Desde nuevos niveles de dificultad hasta cambios en la gestión del inventario, son muchos aspectos los que han cambiado desde su lanzamiento.
Y este, además de otros, son los principales argumentos que quiero que queden claros en esta polémica comparativa: el apoyo continuo de los desarrolladores y su escucha a la comunidad.
Lejos de «emperrarse» en cómo han lanzado su obra y que esa es su visión, es de agradecer que estudios tan grandes escuchen a sus fans y «bajen a las trincheras» para lidiar cara a cara con los aspectos que no han acabado de gustar a los jugadores.

Pero hay más puntos en común entre Baldur’s Gate 3 y Crimson Desert
Del que no hay duda es la apuesta por la libertad del jugador. Baldur’s Gate 3 se ha convertido en un referente moderno precisamente por su capacidad de ofrecer múltiples soluciones a un mismo problema, permitiendo que cada decisión tenga consecuencias tangibles. Crimson Desert, aunque desde una perspectiva más orientada a la acción, también busca trasladar esa sensación de responsabilidad al jugador, con sistemas que prometen reaccionar de forma dinámica a nuestras elecciones dentro del mundo.
Esa libertad se traduce, en ambos casos, en una fuerte importancia de la narrativa emergente. No se trata solo de seguir una historia principal, sino de construir un relato propio a través de interacciones, decisiones y eventos inesperados. En Baldur’s Gate 3 esto se materializa en diálogos complejos y ramificados, mientras que Crimson Desert apunta a hacerlo mediante eventos dinámicos en su mundo abierto. El resultado en ambos casos se acaba convirtiendo en que tenemos experiencias únicas que difícilmente se repiten de un jugador a otro.

Baldur’s Gate 3 y Crimson Desert: Ambición por bandera
Otro elemento clave que une a ambos títulos es la ambición. Larian Studios elevó el listón con Baldur’s Gate 3 gracias a la profundidad de sus sistemas interconectados: físicas, estados alterados, relaciones entre personajes y decisiones morales que se entrelazan constantemente. Crimson Desert, por su parte, busca impresionar con un mundo vivo, transiciones fluidas y mecánicas que conectan combate, exploración y narrativa en tiempo real. En ambos casos el punto de unión es claro: se quiere crear universos que funcionen como ecosistemas coherentes.
También comparten un propósito: redefinir lo que significa un RPG moderno. Durante años, el género ha oscilado entre lo clásico y lo accesible de propuestas más orientadas a la acción. Baldur’s Gate 3 demuestra que existe un enorme interés por experiencias profundas y complejas, mientras que Crimson Desert intenta lograr esa profundidad en un formato más espectacular y accesible. Podría no ser lo mismo, pero al fin y al cabo se intenta que el jugador tenga el control real sobre su experiencia.
Y como en todo RPG que se precie, la construcción de personajes es otro terreno donde coinciden. En Baldur’s Gate 3, las decisiones sobre atributos, habilidades y relaciones moldean profundamente la partida. Por su lado, Crimson Desert, tiene también sistemas de progresión y personalización que buscan otorgar ese mismo peso a la evolución del protagonista. No se trata solo de mejorar estadísticas, sino de definir una identidad dentro del mundo del juego. Ser tu propio personaje diferente al de tu vecino

Conclusión
En resumen, los dos juegos muestran algo que cada vez se ve más en la industria: los jugadores quieren experiencias más profundas. Ya no es suficiente con mapas enormes o buenos gráficos, ahora se busca que todo tenga sentido, que las decisiones importen y que el mundo reaccione a lo que haces. Baldur’s Gate 3 ha demostrado que este tipo de propuesta puede triunfar a lo grande, mientras que Crimson Desert parece querer seguir ese camino, aunque con un estilo diferente.
En definitiva, es posible que muchos sigáis pensando en que Crimson Desert y Baldur’s Gate 3 se parecen como un huevo a una castaña. Pero espero haberos hecho reflexionar y haceros ver que hay más puntos en común de lo que parece. Sí, es posible que Crimson Desert no gane el GOTY, pero otros muchos aspectos de su desarrollo merecen el mismo reconocimiento

