Análisis de Dystopicon: efectivamente, una distopía

Hay juegos que buscan entretener, otros que intentan emocionar y algunos que aprovechan el medio para lanzar un mensaje. Dystopicon, título español desarrollado por el estudio murciano Palitroque, pertenece claramente a este último grupo. Nos encontramos ante un simulador de vida distópico y de gestión del tiempo que, bajo una estética sencilla y un planteamiento aparentemente absurdo, construye una feroz sátira del capitalismo, el control gubernamental y la pérdida de libertades individuales.

Inspirado en obras como 1984, Un mundo feliz, Ubik o incluso el excelente Papers, Please, el título nos sitúa en una sociedad donde los robots han sustituido a los trabajadores humanos. Como ciudadanos de clase 2, nuestra única función consiste en ver la televisión para ganar dinero. Dinero que posteriormente tendremos que gastar para poder seguir viviendo.

Puede sonar exagerado, pero conforme pasan las horas resulta inevitable encontrar ciertos paralelismos con la realidad actual. Y ahí reside gran parte de la fuerza de Dystopicon.

Una rutina tan sencilla como inquietante

La propuesta jugable de Dystopicon es muy fácil de entender. Vivimos encerrados en nuestro pequeño apartamento y prácticamente toda nuestra vida gira alrededor de, cómo no, producir.

Nuestro trabajo consiste en sentarnos frente al televisor y, dependiendo del canal que decidamos ver, obtendremos un salario mayor o menor. Hasta aquí todo «bien», pero pronto descubrimos que absolutamente todo tiene un coste.

Comer, ducharse, abrir la nevera o hacer uso de cualquier electrodoméstico requieren pagar al gobierno. Dormir suele ser gratuito… al menos durante los primeros compases de la partida. Porque sí, incluso ese pequeño privilegio puede desaparecer.

Todo el dinero que ganamos vuelve inmediatamente al sistema, obligándonos a encontrar un delicado equilibrio entre tener nuestras necesidades cubiertas y ahorrar un mínimo.

Ser un ciudadano ejemplar… o un enemigo del Estado

El objetivo principal consiste en convertirnos en un ciudadano modelo. Cumpliendo nuestras obligaciones, pagando cuando toca y obedeciendo las normas iremos aumentando nuestra puntuación ciudadana.

Cada cierto tiempo llega una evaluación. Si hemos cumplido con las expectativas ascenderemos de categoría, desbloqueando nuevas funciones e incluso la posibilidad de formar parte del propio partido gobernante.

Sin embargo, también existe otra opción. Podemos decidir colaborar con la resistencia y comenzar un camino completamente distinto. No entraré demasiado en detalle porque gran parte de la gracia está en descubrirlo, pero sí puedo adelantar que las consecuencias no tardan en aparecer.

Esta doble vertiente hace que cada partida pueda desarrollarse de una manera diferente dependiendo de nuestras decisiones.

Un apartamento lleno de secretos

Aunque pasamos gran parte del tiempo encerrados en casa, el juego esconde otras posibilidades. En principio, podemos salir al exterior, esto requiere comprar un permiso oficial bastante caro y casi imposible dados los costes de la propia vida, dejo el intentarlo en tu mano. De vez en cuando también podremos hablar con los vecinos que llamen an eustra puerta, siendo algunos mucho más colaborativos que otros, o incluso investigar los apartamentos cercanos colándonos por los conductos de ventilación.

Eso sí, nunca debemos olvidar un pequeño detalle, y es que una cámara de vigilancia nos observa constantemente. La sensación de estar siendo vigilado en todo momento consigue transmitir muy bien esa constante pérdida de privacidad que pretende reflejar el juego.

Cuando vivir también es un lujo

Uno de los aspectos más llamativos de Dystopicon es la forma en la que satiriza el propio valor de la vida. Si vemos que nuestra economía llega a un punto en el que resulta imposible de mantener, el gobierno nos recomienda utilizar la llamada Máquina de Eutanasia Automática. Se insiste una y otra vez en que se trata de una decisión ética, responsable y completamente libre, siempre y cuando decidamos hacerlo utilizando esa máquina oficial, nada de métodos tradicionales, no vaya a ser que tenga algún coste adicional.

Es uno de esos momentos que consigue arrancar una sonrisa incómoda mientras deja un poso algo obsceno.

Por supuesto, sobrevivir tampoco será sencillo. Debemos mantener bajo control nuestras necesidades básicas, la salud, el hambre, el confort y la diversión. Si cualquiera de ellas llega a cero, la partida termina.Y conforme avanzamos la presión no deja de aumentar.

Pueden producirse apagones que nos impidan utilizar los electrodomésticos hasta que reestablezcamos la corriente. También puede pasar que nos pasemos de curiosos al mirar por la ventana y noz caig aun cóctel molotov en la cama, pero eso es otro tema.

A parte de estos inconvenientes, comienzan a aparecer nuevas obligaciones burocráticas y el partido empieza a exigir tareas adicionales. La más pesada, sin duda, consiste en introducir constantemente los códigos oficiales que nos envían desde el gobierno.

Un reto que no deja de crecer en Dystopicon

Precisamente ahí está uno de los mayores aciertos del juego. Durante las primeras horas todo resulta bastante relajado. Gestionamos nuestras necesidades, ganamos dinero viendo la televisión y poco más. Sin embargo, conforme ascendemos de categoría empiezan a acumularse responsabilidades hasta el punto de que es muy fácil sentirse completamente desbordado.

Lejos de convertirse en un defecto, termina funcionando muy bien porque transmite exactamente la sensación que el juego pretende generar: un sistema que cada vez exige más mientras ofrece cada vez menos.

En cuanto al tiempo de juego, una vez terminamos el modo principal todavía queda bastante gracias a que podemos elegir habitaciones en las que jugar o ir por el modo desafío. En él comenzamos con todos los electrodomésticos disponibles desde el principio, pero la supervivencia resulta mucho más exigente, obligándonos a optimizar cada decisión.

Apartado artístico de Dystopicon

Visualmente Dystopicon apuesta por un estilo muy sencillo, pero tremendamente efectivo para el tipo de experiencia que propone. Todo desprende esa sensación fría, burocrática y opresiva que encaja perfectamente con su ambientación.

La narrativa también merece una mención especial. En lugar de recurrir a cinemáticas, el juego cuenta gran parte de su historia mediante la propia jugabilidad, mensajes escritos y pequeñas secuencias con estética de cómic. Es una decisión muy acertada que mantiene el ritmo sin romper la inmersión.

En definitiva, Dystopicon…

Dystopicon es uno de esos juegos que consiguen destacar gracias a una idea muy bien ejecutada. Su jugabilidad es sencilla de entender, pero compleja conforme pasan las horas. Ofrece un desafío constante para quienes disfrutan de los juegos de gestión.

Lo que realmente consigue diferenciarlo es su sátira. Hay diálogos que llegan incluso a enfadar por los paralelismos con determinadas situaciones de la sociedad actual, mientras que otros consiguen sacar una carcajada con su humor negro. Esa mezcla funciona muy bien y hace que el mensaje llegue sin resultar excesivamente moralista. Es como vivir una distopía capitalista actual.

Quizá no sea un juego para todo el mundo, especialmente por el estrés que puede generar en sus fases más avanzadas, pero si os gustan los simuladores de gestión con personalidad propia y las historias distópicas, merece mucho la pena darle una oportunidad. Palitroque demuestra que no hace falta un gran presupuesto para construir una obra capaz de entretener, hacer reflexionar y, de paso, incomodar al jugador en más de una ocasión.

Antes de terminar, dar las gracias a Palitroque por proporcionarnos la clave necesaria para la realización de este análisis. Recordad seguirnos en EntreMandos para manteneros informados de todas las novedades del mundo del videojuego.

Dystopicon

8

Nota

8.0/10

Lo Mejor

  • La ambientación
  • El humor y la sátira
  • Es muy divertido

Lo Peor

  • Puede abrumar un poco en fases finales
  • La mecánica de los códigos

administrator
Hago cosas... Es el vecino el que elige al meme y es el meme el que quiere que sean los vecinos el meme

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