Cuando vi por primera vez I Hate This Place reconozco que lo que me cautivó fue su estilo visual. No sólo por su cell-shading sino por el hecho de las animaciones, esas pisadas con su “chop-chop” con letras al moverse la protagonista. Un conjunto de cosas que, tras jugarlo, os quiero contar en mi análisis de I Hate This Place. Así que vamos allá con todo lo que nos puede ofrecer el juego.
I Hate This Place se lanza este 29 de enero en todas las consolas y en PC a través de Steam. Desarrollado por Rock Square Thunder, nos propone una historia de terror y misterio en vista cenital, honrando a los clásicos survival horrors de los 90 y añadiendo más mecánicas de otros géneros.


I Hate This Place: una historia de sectas y ritos
A nivel de historia, nos pondremos en la piel de Elena. Súbitamente perdemos a nuestra amiga cuando estábamos investigando sobre lo oculto y temas relacionados con la secta que idolatra al hombre cornudo. Queriendo saber cuanto hay de real y cuanto de imaginario en esta figura, nos vemos “atrapados” en un entorno rural en el que nuestro objetivo principal, además de sobrevivir, será buscar a nuestra amiga. A partir de ahí, el giro argumental irá haciéndose cada vez más complejo.
He de decir que la historia, aunque parte de un tema tan trillado como el de las sectas, me ha resultado interesante. Si bien los personajes ayudan a darle “color” a esa historia, el final me ha parecido un buen cierre a una historia que se va desgranando poco a poco y con buen ritmo.

Jugablemente honra a los clásicos…
En cuanto al apartado puramente jugable, controlaremos a Elena en una vista cenital y básicamente lo que haremos será lo que en la mayoría de survival horrors. Así pues, tocará huir o enfrentarse a los monstruos a la vez que intentamos dar con esa llave, contraseña o ítem que nos permita avanzar en nuestro propósito.
Es una base jugable conocida por todos y con la que quizás no descubras nada nuevo. Pero, como decía, se añaden ciertas mecánicas que le aportan algo más de riqueza.
Para empezar, en cuanto al sigilo, en lugar de tener un indicador visual “tipo rdar” como en otros juegos, I Hate This Place lo apuesta todo a su peculiar estilo visual y sabremos que “cantidad” de ruido hacemos en función del color de las expresiones que vemos en pantalla al pisar las distintas superficies. Si vamos poco, el color será gris y no habrá problemas, pero si vamos rápido o si pisamos cristales, el color de esas letras será rojo y podremos estar en serios apuros.
Es un leve cambio y no cambia realmente la jugabilidad, pero en un género en el que casi todo está ya inventado, se agradecen este tipo de pequeñas innovaciones. Y más cuando muchos de los enemigos son “ciegos” y únicamente se guían por el sonido.


… pero con ciertos añadidos
Otro añadido es algo que ya se ha visto en juegos como Dying Light: el ciclo día/noche. Como es de esperar, la exploración será diferente por la mañana o cuando cae el sol. Será mucho más peligroso salir a campo abierto por la noche que no hacerlo con el sol.
Nuestra base será un rancho familiar, que servirá, a su vez, para introducir otra de las novedades del juego: el “farmeo” y el crafteo”. En un pequeño terreno adyacente a este hogar, podremos (si hemos descubierto el plano antes) construir pequeñas instalaciones que nos proporcionarán esos ítems que necesitaremos para salir victoriosos de nuestro “paseo por el campo”.
No soy muy fan de este tipo de mecánicas, pero he de decir que en I Hate This Place están introducidas de manera muy suave. Es decir, no será requisito obligatorio el tener que producir materiales para poder fabricar botiquines o munición ya que la simple exploración de los escenarios también te proporcionará esa munición o esas vendas tan necesarias.
Sí que es cierto que dependerá de tu habilidad y del estilo de juego con el que enfrentes el juego, pero al final de las 8 o 10 horas que te puede durar el juego acabé con muchísimos ítems fabricados que no acabé necesitando para nada. En cuanto a la variedad de armas he de decir que ocurre un poco lo mismo. Puedes crear varias, pero con que utilices las 2 o 3 de siempre irás bastante sobrado.
En todo caso, creo que es un acierto por parte del estudio el añadir este componente y no hacerlo muy vital para el desarrollo de nuestra partida. Podría ser un punto de fricción para muchos jugadores que, acostumbrados a otras propuestas, dejen de jugar al juego en ese punto.


Apartado audiovisual de I Hate This Place
Donde el juego brilla, en mi opinión, es cuando toca explorar escenarios cerrados. A lo largo tanto de la historia principal como de las misiones secundarias, tocará entrar en una suerte de mazmorras cerradas (laboratorios, minas, etc) donde la tensión y el componente survival brillará por encima de todo. No son escenarios muy grandes y siempre sabrás bastante bien lo que debes hacer y por donde ir, pero detalles como tener un mapa que sólo puedes consultar si te acercas al que está colgado en la pared me han parecido muy bien elaborados.
Otro punto que me ha gustado es su apartado audiovisual. En el apartado sonoro, en ocasiones parecerá que estamos escuchando temas de la serie Stranger Things, con ese toque de los años 80/90 tan característico. Y visualmente sólo tienes que ver las capturas que acompañan a este análisis de I Hate This Place. En este sentido, el juego está basado en un cómic, así que tiene toda la lógica la elección de este estilo (aunque reconozco que no he leído el cómic).
En la parte menos positiva de la balanza, he de decir que las animaciones son algo justas y que me he encontrad algunos bugs. Siendo justo, estaba avisado de esos bugs y el equipo promete solventarlos en el parche de lanzamiento.


Análisis de I Hate This Place: Conclusiones
Entrando ya en el terreno de las conclusiones de este análisis, I Hate This Place es uno de esos juegos indies que puede pasar desapercibido pero que creo que merece más atención. Si te gustan los survival-horrors de los 90, que no te eche para atrás el ligero componente de farming/crafteo, ya que te perderías un juego que promete mucha tensión, una buena historia y un estilo visual apabullante.
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