Análisis de Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen: Una expansión a la altura de la leyenda

Dragon’s Dogma 2 siempre ha sido un RPG diferente. Capcom no construyó una aventura pensada para llevarnos de la mano, sino un mundo en el que cada viaje, cada combate y cada decisión podía acabar saliendo peor de lo esperado. Un juego muy interesante que se sale un poco de la línea de lo que es habitual en la industria moderna.

Con Dark Arisen, Capcom vuelve a mirar a aquella primera expansión que tantos recuerdos dejó a los seguidores de la saga. Han pasado más de diez años, pero la intención es muy similar. Y es que, Dark Arisen no quiere limitarse a añadir unas cuantas horas de contenido, sino darle una nueva vida a la aventura.

En esta ocasión, Dragon’s Dogma 2 recibe una región inédita, una historia propia, enemigos, jefes, mazmorras y nuevos sistemas de progresión, además de mejoras que afectan a la experiencia general. Da la sensación de que Capcom ha querido construir una segunda aventura para quienes nos quedamos con ganas de seguir explorando este mundo, y lo cierto es que buena parte del tiempo lo consigue.

Una historia que funciona mejor como misterio

La historia de Dark Arisen comienza de una forma que recuerda, aunque con un enfoque distinto, a la expansión original. En aquella ocasión, todo arrancaba con el encuentro con Olra en el muelle de Cassardis, una figura misteriosa que nos llevaba hasta la inquietante isla Bitterblack. Aquí, Capcom vuelve a utilizar ese punto de partida basado en lo desconocido, aunque nos traslada a Norgan, una región marcada por los rumores sobre otro Arisen y la aparición de un dragón no muerto.

A partir de ahí, empezamos a descubrir qué ocurrió en esta antigua civilización del norte y qué relación existe entre sus ruinas, sus habitantes y el nuevo peligro que amenaza el territorio. La ambientación ayuda muchísimo. Norgan consigue transmitir esa sensación de estar alejándonos poco a poco de todo lo conocido, y los campamentos o personajes que encontramos durante el viaje hacen que la aventura se sienta como una auténtica expedición.

Eso sí, no todo está al mismo nivel. Hay giros y misiones secundarias que recuerdan demasiado a cosas que ya hemos visto en el juego base, por lo que no siempre consigue sorprender. Aun así, la historia funciona y nos da una buena razón para seguir avanzando por Norgan. Al final, lo que realmente nos mantiene enganchados es salir a explorar, enfrentarnos a sus criaturas y descubrir qué esconde cada rincón de la región.

Norgan, una tierra helada llena de peligros

La gran novedad de Dark Arisen es Norgan, una región situada al norte de Vermund. Se trata de un territorio helado y hostil que cambia bastante la forma de afrontar la aventura. Aquí no basta con llegar bien equipado junto a nuestros peones. También tenemos que tener en cuenta el frío, las ventiscas y un terreno mucho más vertical que el de las zonas principales del juego base.

Las tormentas de nieve reducen la visibilidad y agotan nuestra resistencia, por lo que avanzar por los pasos montañosos puede volverse peligroso en cuestión de segundos. No llega a convertirse en un sistema de supervivencia especialmente duro, pero sí consigue que cada salida tenga algo más de tensión. Una ruta aparentemente sencilla puede complicarse por una ventisca, una zona nevada que dificulta el avance o un enemigo que nos sorprende cuando apenas podemos ver unos metros por delante.

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen

Además, el diseño de Norgan es uno de los mayores aciertos de la expansión. Sus llanuras nevadas, desfiladeros, caminos ocultos y ruinas hacen que explorar la región sea una experiencia muy agradecida. Siempre hay una razón para desviarse de la ruta principal, ya sea para conseguir una reliquia, librar un combate más exigente o simplemente descubrir qué se esconde tras la siguiente montaña.

Eso sí, conviene llegar preparados. Dark Arisen no está pensado para quienes acaban de empezar su aventura. Sus enemigos son más agresivos, resistentes y peligrosos que los que encontramos en Vermund y Battahl, así que merece la pena afrontar Norgan con un Arisen bien desarrollado y unos peones capaces de responder cuando la situación se ponga cuesta arriba.

Un nuevo sistema de progresión que engancha

Una de las novedades más importantes de la expansión es el sistema de reliquias. Durante nuestras expediciones podremos conseguir objetos que después tendremos que tasar en el asentamiento principal de Norgan. Estas reliquias se transformarán en equipo, armas, materiales y objetos de distinta rareza que pueden mejorar notablemente a nuestro Arisen y a sus peones.

Este sistema convierte la exploración y el combate en un bucle muy adictivo. Salimos a descubrir una nueva zona, derrotamos a enemigos peligrosos, conseguimos reliquias, regresamos al poblado para tasarlas, mejoramos nuestro equipo y volvemos a salir para intentar enfrentarnos a amenazas todavía mayores. Es una progresión mucho más directa y satisfactoria que algunos de los caminos de mejora del juego base. En cierto modo me ha traído recuerdos de Monster Hunter y su sistema de joyas.

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen

Sin embargo, también cambia una parte importante de la identidad de Dragon’s Dogma 2. El viaje rápido gana bastante protagonismo gracias a nuevas facilidades y puntos de desplazamiento, algo que puede gustar a quienes encontraban demasiado restrictivo el sistema original. Pero también hace que se pierda parte de esa tensión que provocaba tener que planificar cada salida, vigilar el peso del inventario y asumir que quizá no podríamos regresar fácilmente a una ciudad segura.

Es una decisión discutible, pero también comprensible. Dark Arisen apuesta por un ritmo más ágil y por recompensar constantemente al jugador a través del botín. Puede alejarse de una parte de la filosofía original, aunque a cambio consigue que la progresión sea mucho más fluida.

Los Ritos Perdidos amplían el mundo conocido

Otro de los grandes añadidos de esta expansión son los Ritos Perdidos. Una serie de mazmorras repartidas por los territorios del juego base. Estas pruebas ofrecen combates exigentes, recompensas especiales y condiciones que nos obligan a modificar nuestra forma de jugar.

Hay pruebas más trabajadas que consiguen sentirse como auténticos desafíos, sobre todo si queremos seguir mejorando a nuestro Arisen y a los peones. Otras, en cambio, son más convencionales y pueden dar la sensación de estar ahí para alargar un poco la experiencia. No todas tienen el mismo nivel, pero las mejores aportan variedad y hacen que regresar al mapa del juego base vuelva a tener sentido.

Norgan es, evidentemente, el gran reclamo de Dark Arisen, pero se agradece que Capcom no deje atrás Vermund y Battahl. Los Ritos Perdidos hacen que miremos esos territorios con otros ojos y nos invitan a volver cuando pensábamos que ya habíamos dejado todo atrás.

Sin nuevas vocaciones

La expansión no incorpora nuevas vocaciones y, sinceramente, es una de las ausencias que más se notan. Con un contenido centrado en subir la dificultad y volver a explorar el mundo, habría sido una oportunidad perfecta para introducir una clase inédita y renovar todavía más la experiencia de quienes ya llevaban muchas horas con el juego base.

Aun así, Capcom sí ha añadido opciones y mejoras para las vocaciones existentes. Encontraremos obeliscos repartidos por Norgan que desbloquean habilidades, hechizos y mejoras permanentes para determinadas clases. Esto permite crear configuraciones más profundas y experimentar con nuevas combinaciones para cada grupo, aunque no termina de compensar del todo la falta de una nueva vocación.

Los peones también reciben nuevas órdenes y responden mejor durante los combates y la exploración. Pueden alertarnos de trampas, sugerirnos alternativas o acudir con mayor rapidez cuando estamos en problemas. Algo que es de agradecer y que mejora mucho la experiencia de juego.

El combate como protagonista

Si algo ya funcionaba en Dragon’s Dogma 2 era su combate, y Dark Arisen logra llevarlo un paso más allá. Las nuevas criaturas y las variantes de enemigos conocidos elevan la dificultad y nos obligan a aprovechar mejor las habilidades, la resistencia, las físicas del entorno y el apoyo de los peones.

Por otro lado, no podemos obviar uno de los grandes atractivos de este DLC. Y es que, los jefes son, sin duda, uno de los grandes reclamos. El Dragón Exánime, las nuevas criaturas gigantes y los enfrentamientos más elaborados consiguen recuperar esa sensación de peligro constante que algunos jugadores echaban de menos cuando el juego base comenzaba a resultar demasiado sencillo.

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen

También hay que reconocer que no todo el bestiario se siente igual de nuevo. Dark Arisen introduce criaturas interesantes y variantes que cambian la forma de afrontar ciertos combates, pero durante la aventura seguimos encontrándonos con bastantes enemigos familiares para quienes hayan pasado muchas horas en Vermund y Battahl. Los jefes compensan buena parte de ello por lo espectaculares y exigentes que son, aunque se habría agradecido una renovación mayor entre los rivales más comunes.

En definitiva, Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen es…

Una expansión enorme, ambiciosa y muy necesaria para Dragon’s Dogma 2. Capcom no se ha limitado a añadir más horas de contenido, sino que ha creado una región con identidad propia, un sistema de progresión diferente y algunos de los mejores combates de toda la aventura.

Norgan es un escenario fascinante, helado y peligroso, mientras que las reliquias consiguen que explorar, luchar y mejorar a nuestro grupo se convierta en un ciclo tremendamente adictivo. Los nuevos jefes, los Ritos Perdidos y las mejoras para vocaciones y peones completan un contenido que logra elevar las virtudes del juego base.

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen

El mayor debate llegará con el viaje rápido, que hace la aventura más ágil pero también diluye parte de la tensión que definía al juego base. También se echa en falta una nueva vocación que terminase de renovar la experiencia y una mayor variedad entre los enemigos comunes. Son ausencias que no empañan el conjunto, pero sí evitan que Dark Arisen alcance la excelencia absoluta.

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen no es perfecto, pero sí es el tipo de DLC que consigue transformar un juego ya conocido en una experiencia nueva. Una aventura imprescindible para quienes disfrutaron de la obra original y una razón fantástica para volver a ponerse en la piel del Arisen. Capcom sigue demostrando que está en racha.

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Psicólogo amante de los juegos cooperativos, el RPG y de disparar a todo aquello que se mueva.