Nunca pensé que diría esto, pero, efectivamente y como bien puedes leer en el título, me he pasado a Linux después de más de 20 años. ¿Que por qué?, te estarás preguntando.
Pues la respuesta es simple, por tranquilidad, aunque no puedo negar que la curiosidad y la influencia de internet también han tenido que ver. Pero antes de nada, me gustaría ponerte en contexto para que tú, que estás leyendo esto, seas consciente de la importancia de este cambio. Ya no solo para mí, que eso es lo de menos, sino a nivel general.
Cómo empezó todo
Todo empezó hace 23 años. Yo era un niño inocente de 5 añitos que de vez en cuando veía a sus hermanos mayores jugar a algo que no era una consola, sino un PC. Les veía jugar a videojuegos tan míticos como Warcraft 3, Theme Hospital, Hitman 2: Silent Assassin o Señor del Olimpo Zeus, entre otros.
Poco a poco empecé a pedirles permiso para utilizar yo el ordenador, primero para entretenerme con Paint y luego para jugar yo algunos ratitos. También empezó a interesarme lo que había fuera de los juegos, el propio sistema operativo.
Me creaba mis carpetas, metía lo que quería y las organizaba. Windows XP era increíble y yo lo notaba. Para mí, en ese entonces, todos los ordenadores eran iguales. Algunos tenían un Windows más bonito que otro, pero al final en todos se podía jugar a todo, o eso pensaba.

Pasado el tiempo y una vez que internet llega a la ecuación, empiezo a descubrir las versiones de Windows, los Mac, el mundo del PC como tal, los componentes y toda la información que te puedes esperar.
Fue entonces cuando descubrí otro sistema operativo, uno totalmente libre, Linux. Por si fuera poco, se supone que Linux era muy seguro, no necesitaba antivirus y era superrápido. ¿El problema?, pues que la interfaz no era la que yo conocía, y para exprimir al sistema a fondo tenías que recurrir a los comandos, y eso es algo que aprendí muy bien en las clases de informática del instituto.

El profesor no se cansaba de decirnos que Linux era el mejor sistema operativo de todos. Nos enseñó todos los comandos importantes y, en cierta manera, me gustaba, pero yo quería mi Windows para poder jugar. En Linux no se podía jugar a ninguno de los juegos que yo tenía y, además, quería utilizar la interfaz gráfica que conocía desde pequeño, la de Windows.
Para usar Linux tenías que ser un hacker o directamente un rarito, no había otra alternativa. Esta era la opinión de un chaval cualquiera y, para sorpresa de nadie, era la misma opinión que tenía la mayoría de la gente.
Por qué decidí abandonar Windows
Después de todo este tocho ya tienes el contexto, el mío y el del público general, de ahí la importancia del cambio desde Windows, habiéndolo utilizado desde los 5 años hasta los 28, a Linux.
Pasé por Windows XP, Windows 7, Windows 8 y 8.1, Windows 10 y finalmente Windows 11. Es cierto que nunca tuve ningún problema, pero con Windows 11 las cosas empezaron a cambiar. Cada vez mi PC rendía menos y veía más cosas inútiles en el propio sistema.
Tenía un ruido mental que no me dejaba tranquilo, hasta que empecé a ver contenido relacionado con Linux. Los usuarios, junto con Valve para temas de gaming, estaban haciendo magia. Distribuciones superpotentes, más o menos complejas, con interfaces de todo tipo o directamente sin interfaz, todo eran posibilidades y además se podía jugar incluso mejor que en Windows.
Fue entonces cuando, por primera vez, dejé de lado lo que pensaba de Linux y dije: ¿por qué no?

Mi experiencia con CachyOS
En mi caso me decanté por CachyOS, una distribución basada en Arch que está pensada para que puedas hacer de todo sin complicaciones y que además tiene todo lo que necesitas para jugar al más alto nivel.
El método de instalación es el habitual, hay miles de guías. Metes el sistema operativo en un USB, arrancas desde ahí y a instalar. Todo por interfaz gráfica, lo cual me sorprendió. No tuve que poner ni un solo comando.
Una vez en el escritorio, aparece una ventanita de configuración para que instale lo que yo quiera en base al uso que le vaya a dar al PC. Obviamente, instalo toda la parte de gaming. Esto saca una terminal y empieza a gestionar todo él solito. Tampoco tuve que instalar ningún driver, todo funcionaba.

Cuando acaba, me empiezo a mover por los menús y desde el minuto uno siento que esto no puede ser. Va superfluido y consume una cuarta parte de lo que me consumía Windows 11 en memoria y CPU.
Una cosa que me ha gustado mucho es la sensación de libertad que tienes al usar el sistema operativo. Puedes modificar total y absolutamente todo, bien descargando la modificación o tocándolo tú a mano. ¿Que quieres otra interfaz gráfica? La cambias. ¿Que quieres que el sistema se comporte de X manera? Lo puedes hacer. Además, todo está superlimpio y no sientes que una empresa trillonaria de EEUU te está espiando.

Otra parte importante sobre esta distribución de Linux es que está pensada para que siempre tengas las últimas actualizaciones. De vez en cuando se puede ver un iconito en la bandeja del sistema que te avisa de que hay actualizaciones disponibles, y no solo del sistema, sino de cualquier cosa que tengas instalada. Lo mejor es que luego no hace falta ni reiniciar para que se apliquen los cambios.
Para estas actualizaciones es para lo único que se usa la terminal, pero de forma muy sencilla. Solo te dice que escribas una «s» si quieres actualizar y tu contraseña de administrador, poca cosa más aparte de alguna que otra confirmación de sí o no. Luego se cierra automáticamente.

¿Y qué pasa con los videojuegos?
Hasta ahí todo perfecto, pero ¿podré jugar de verdad?
Pues bien, instalo varios juegos desde Steam, más concretamente Resident Evil Requiem y Expedition 33, y lo que pasó cuando los ejecuté es exactamente lo que estás pensando si has llegado hasta aquí, funcionaban perfectamente.
Tengo que decir que no tengo un mal PC y que mi gráfica es AMD (que funciona mejor que Nvidia en Linux), y he podido comprobar que los juegos funcionan igual o mejor que en Windows.

Vale, los juegos modernos funcionan a la perfección, pero ¿qué pasaría si instalo los juegos de mi infancia? Ese Warcraft 3 o Hitman 2. Pues… funcionaron a la primera y sin tener que configurar absolutamente nada, sin activar retrocompatibilidades, sin configuraciones extrañas, nada, simplemente arrancaron.
Esto ha sido una de las cosas que más me han impresionado. Y ya no es que incluso el software antiguo funcione a la primera, es que todo va superfluido. Aquí es donde más se nota el poco consumo del sistema operativo, cómo maneja los recursos y el nulo spam de cosas innecesarias.

Una recomendación que nunca pensé que haría
Como puedes ver, estoy muy contento con el cambio, aun habiendo sido usuario de Windows toda mi vida. El cambio ha sido a mejor.
No quiero convertirme en aquel profesor de informática de mi instituto y decir una y otra vez que Linux es el mejor sistema operativo que existe, pero después de esto no puedo evitar recomendarlo. Hay infinidad de distribuciones entre las que puedes elegir y en todas puedes hacerlo todo, por eso no te preocupes.
Tanto si te gusta jugar como si no, a día de hoy tendrás una buena experiencia con Linux.

¿Es realmente el año de Linux?
Se lleva diciendo durante muchos años eso de que este es el año de Linux, pero, por primera vez, parece que ha dejado de ser un meme y ha pasado a ser una realidad.
Es cierto que no va a destronar a Windows ni va a ser, por ahora, la plataforma número uno, pero también es cierto que las cosas están cambiando hasta el punto de que alguien del público general como yo ha dado el salto. Eso es lo realmente importante.
¿Que más gente lo hará? Probablemente sí. ¿Que significará algo dentro del mercado? Ya lo veremos.
Como se suele decir, ningún imperio dura para siempre.
Gracias por leer este artículo, si te gusta este tipo de contenido no dudes en echar un vistazo por todo lo que tenemos aquí, en EntreMandos.

