Gambonanza es uno de esos juegos que nace claramente inspirado por todo un fenómeno de masas como ha sido Balatro. Eso sí, esta nueva propuesta busca generar nuevas mecánicas que lo diferencien de la obra de LocalThunk. Lo primero de todo es que aquí no jugaremos al póker. El título desarrollado por Blukulélé da un paso al frente y nos propone una nueva forma de entender el ajedrez. No estamos ante una partida clásica, sino frente a una sucesión de retos donde tendremos que medir cuidadosamente cada movimiento. Todo ello acompañado de piezas especiales, gambitos y distintas mejoras propias de un roguelite que buscan aportar variedad y rejugabilidad a cada partida.
De hecho, el componente roguelite comienza nada más darle a jugar. En Gambonanza, cada run comienza generando tres piezas de ajedrez al azar, con las que tendremos que superar 5 fases en 5 niveles diferentes para finalizar el juego. Pero ¿Estos cambios son suficientes para ser algo más que un clon de Balatro? Te lo contamos a continuación.
Ajedrez con algunos cambios
Al acabar cada ronda, podremos comprar gambitos, fichas o incluso mejoras para el tablero. Generando, por ejemplo, casillas con diferentes efectos con las que apoyar nuestras estrategias o potenciar determinados movimientos. Sobre el papel, la idea resulta bastante interesante, especialmente para quienes disfrutan de los roguelites centrados en crear builds y sinergias. El problema es que, una vez empiezas a profundizar en sus mecánicas, todo termina sintiéndose demasiado superficial.

Y es aquí donde Gambonanza empieza a mostrar sus principales carencias. Aunque el ajedrez sirve como base para construir algo diferente, la realidad es que el juego no termina de explotar realmente las posibilidades que ofrece. Muchas partidas acaban reduciéndose a repetir patrones muy similares, mientras que las decisiones estratégicas pierden impacto rápidamente. El resultado es una experiencia que intenta transmitir esa sensación de progresión constante tan propia de los grandes roguelites, pero que rara vez consigue generar la misma satisfacción. De hecho, en muchas ocasiones, simplemente tendremos que esperar a que la IA mueva ficha, ya que suele equivocarse de forma muy recurrente.
Gambonanza: Más que un homenaje
Gambonanza, aún con sus virtudes, comete un fallo garrafal y es querer ser un nuevo Balatro. Es comprensible y más tratándose de un desarrollador pequeño tomar como referencia a los grandes éxitos de la industria. Eso sí, el parecido entre Gambonanza y la obra de LocalThunk resulta demasiado evidente. No es solo la jugabilidad, es prácticamente todo. Desde el diseño artístico hasta los menús o la propia música del juego. En muchas ocasiones da la sensación de estar jugando a una especie de “mod” o skin de Balatro, aunque bastante menos inspirado y muchísimo menos adictivo.

En este sentido, tengo que ser claro. me ha costado muchísimo mantenerme enganchado a Gambonanza. Principalmente porque transmite constantemente la sensación de ser algo que ya hemos jugado antes, pero ejecutado con menos personalidad. Y eso termina siendo un problema enorme para un título que depende casi por completo de su capacidad para enganchar partida tras partida.
Lo peor es que detrás de toda esta inspiración parece haber algunas ideas interesantes. La mezcla entre ajedrez y roguelite podría haber dado lugar a una propuesta mucho más original si hubiese apostado realmente por diferenciarse y explorar sus propias mecánicas. Sin embargo, Gambonanza prefiere caminar demasiado cerca de la sombra de Balatro, hasta el punto de perder gran parte de su identidad por el camino.
No estamos ante un desastre ni mucho menos. Seguramente haya jugadores capaces de encontrar aquí un entretenimiento ligero durante unas horas, especialmente si disfrutan tanto del ajedrez como de este tipo de experiencias roguelite. Pero, al menos en mi caso, la sensación final ha sido la de estar ante una copia que entiende perfectamente qué hace funcionar a Balatro… aunque nunca consigue replicar su magia.
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