Impresiones de SlashZero

SlashZero

SlashZero es un roguelike de estética anime que viene de la mano de Streetlamp Studio. Siendo el primer título de este nuevo estudio, parece que ha llegado para ponerse en el punto de mira de los amantes del género.

Hay juegos que te cogen de la mano y te muestran el camino. Otros, en cambio, te introducen poco a poco sus mecánicas a través de una curva progresiva de dificultad. Sin embargo, SlashZero no sigue esta línea, simplemente te lanza al foso con los leones para ponerte a prueba. Desde el primer contacto sentí que no estaba ante un juego que buscara agradar, sino ante uno que impone sus propias reglas, te gusten o no. Tú decides si aceptas o no.

Ni hay flexibilidad, ni existe esa típica curva amable que te guía. Aquí, desde el principio, existe tensión. Y, curiosamente, es precisamente desde ese punto donde se construye toda la experiencia. Porque no es un título que busque atraparte en los primeros minutos, sino uno que quiere que te quedes durante horas, atrapado en un ciclo constante de intentos y mejora.

Un bucle para la salvación

El comienzo resulta confuso, ya que nos encontramos en un mundo engullido por un evento catastrófico que está devorando el planeta lentamente, y que se encuentra a una línea del colapso. Con este escenario, tu objetivo como Timehacker pasa por detener el Colapso del Vacío en cada línea temporal que visitas. Además, cada run te permite, poco a poco, ir arañando pequeños fragmentos de la verdad de un mundo que no resulta fácil de entender.

Por otro lado, no tendremos una explicación clara de este suceso, más allá de la existencia del Lord of the Void, una entidad que lleva eones desgarrando la realidad en busca de devorar toda existencia. Así, tu misión será recomponer cada línea temporal a manos de Nyx o Fina.

Calcula, mide y mejora

En la jugabilidad es donde SlashZero destaca con más fuerza, hasta el punto de convertirse en una experiencia casi estratégica. El combate no solo es rápido, sino también exigente, ya que te obliga a ser paciente. En un inicio todo puede resultar caótico, porque no mides bien las distancias, fallas mecánicas básicas y llegas a sentirte abrumado por los enemigos, con esa constante sensación de que el juego está un paso por delante de ti.

Sin embargo, poco a poco te adaptas. Empiezas a entender los movimientos, a saber cuándo ser agresivo y cuándo debes alejarte del conflicto. También aprendes a usar cada habilidad de tu personaje, lo que varía bastante según si escoges a Nyx o a Fina. Con Nyx, cuentas con dos espadas que propician una jugabilidad rápida, cercana y brutal, permitiéndote encadenar ataques e incluso lanzar una de sus espadas. En cambio, con Fina encontramos el polo opuesto, un combate más estratégico basado en dos pistolas que disparan rápido, pero que te exigen reposicionarte constantemente para mantener la distancia.

Aun así, todo cambia en función de las mejoras que vas obteniendo en cada batalla. Por ejemplo, están las habilidades elementales, divididas en cuatro elementos. El viento, que introduce efectos de hemorragia; el rayo, que desata relámpagos encadenados al derrotar enemigos; el agua, centrada en la generación de escudos; y el fuego, que apuesta por mecánicas de sacrificio de vida a cambio de más poder. Además, no podemos olvidar las mejoras permanentes, como los Chips de mejora y los buffos pasivos.

Por un lado, los Chips los irás recolectando en cada run, al encontrar zonas que te recompensan con ellos. Que te permitirán obtener nuevos movimientos al equiparlos o incluso aumentar tus estadísticas. Por otro lado, los buffos pasivos resultan algo más complejos, ya que se estructuran en torno a siete “dioses”, siendo Apolo el primero que tendrás disponible. Para desbloquear sus mejoras, deberás recolectar un objeto único que te permitirá acceder, poco a poco, a todo su potencial.

Neones y electrónica acompasados

Visualmente, SlashZero destaca por un exceso muy marcado en pantalla, con una gran cantidad de detalles, neones vibrantes y un movimiento constante en escenarios que llaman la atención por su amplia paleta de colores dentro de esta estética anime. Todo está diseñado para saturarte en un primer momento, pero también para que te adaptes a ello. El juego confía en que tu cerebro será capaz de filtrar ese exceso y centrarse en lo realmente importante, algo que, en gran medida, consigue. Así, no solo aprendes mediante el combate, sino también adaptándote visualmente al caos que tienes frente a ti.

En cuanto a la banda sonora, no es algo que escucharías fuera del título, pero funciona perfectamente a la hora de controlar tu estado. Se trata de música electrónica que acompasa de forma cada movimiento y cada esquiva, hasta el punto de que empiezas a seguir el ritmo de forma inconsciente, sincronizándote con el tempo. De hecho, debo admitir que ha habido algún momento en el que me he sentido transportado a otros títulos por su sonido, como puede ser la saga Persona.

El fin de una historia pero inicio de otra

Por último, quería agradecer a Streetlamp Studio por permitirme disfrutar de un título que, en ocasiones, puede resultar asfixiante, pero que, precisamente por eso, busca que mejores como jugador y que cambies tu mentalidad frente a este roguelike. Y es que, tratándose de su primer trabajo, me parece un gran acierto y habla muy bien del estudio.

En mi caso, me mantendré atento a futuros playtests, así como a su fecha de lanzamiento, porque se ha ganado un hueco en mi biblioteca como uno de mis posibles roguelike favoritos, tanto por su estética como por su dificultad.

Desde EntreMandos, os deseamos que disfrutéis tanto como yo de este título y que podáis mejorar como jugadores tanto como lo he hecho yo.

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